Felicidades

La libertad es esclavitud, la paz es la guerra, cuidar de la casa propia y de la propia gente por amor es opresión y liberarse consiste en fregar la escaleras de una oficina por el salario mínimo.

No, no voy a felicitar a ninguna de mis amigas por el Día de la Mujer Trabajadora: hasta la ironía debe tener algún límite para no resultar demasiado hiriente.

Puestos a felicitar a alguien en este día, alguien que de verdad ha salido ganando con esa estafa pergeñada a medias por el capitalista deseoso de pagar menos por más mano de obra y el político ávido de duplicar la base imponible, lo haría -y lo haré- a aquellos de mis amigos cuyo sueño siempre ha sido la promiscuidad irresponsable y la adolescencia hasta los noventa. Y nunca más tener que pagar copas.


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